por Sebastián Hernaiz y Juan Pablo Liefeld

el interpretador, número 32 “noventas”: diciembre 2007

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Entrevista con Sergio Olguín, ex director de la revista (Con) V de Vian.

 

Nos encontramos con Sergio Olguín una tarde en la redacción de la revista lamujerdemivida. Cuando nos sentamos y desplegamos una colección de números de V de Vian y otras revistas sobre la mesa, Sergio no pudo menos que sorprenderse, y así comenzó la charla.

 

Sergio Olguín: ¡Tienen la colección! Sobre todos los primeros, ¿no? Fanáticos de los primeros números y después se borraron, ya no…Uh, tienen fotocopias. No sabes la cantidad de ejemplares que tengo. La próxima les traigo. Hay uno que es casi inhallable que es el cinco. Si lo tienen, guárdenlo que lo pueden vender más adelante.

 

elinterpretador: ¿Qué hay en tapa?

 

Sergio Olguín: Y…una chica

 

elinterpretador: No, bueno, qué temas…

 

Sergio Olguín: El tema de tapa del número cinco era “muertos jóvenes”, si no me equivoco, y era lo del servicio militar. Hicimos un dossier “muertos jóvenes” y uno de “servicio militar obligatorio”. Era el 91.

 

elinterpretador: En el 93 fue el último servicio militar

 

Sergio Olguín: Sí, esto salió antes, en noviembre, que hicimos pocos ejemplares, unos 1000 o algo así. Y al poco tiempo salió el número 1 de El Amante, que era una revista que hacíamos nosotros también. Y eso arrastró la venta, agotó toda la edición. Yo era el director entonces, pero después me echaron. A partir del número 2 pasé a ser del consejo de dirección. Me hechó Quintin. Pero seguí en El amante un año más como consejo de dirección hasta que hubo una crisis muy grande entre los que veníamos de V de Vian y los que nosotros habíamos contactado para hacer la revista El amante, y nos fuimos nosotros. Pero el número 1 de El amante arrastró la venta de V de Vian de ese número y se agotó casi. También el primer número agotó V de Vian, y tuvimos que hacer la reedición.

 

elinterpretador: Sí, mirá, acá tenemos el número 5

 

Sergio Olguín: Yo ya no tengo. Las fui regalando y regalando y ya no tengo. Del resto sí, cuando quieran les paso ejemplares.

 

elinterpretador: Primero V de Vian  y después El amante….

 

Sergio Olguín: Sí, mirá, acá está la publicidad que sacamos primero. “No le seas fiel a V de Vian, tené un Amante”. Fue el primer aviso que sacamos. Se presenta “El Amante, cine y teatro”

 

elinterpretador: ¿Teatro? Después queda sólo cine…

 

Sergio Olguín: la idea original era cine y teatro. Al final quedó cine nada más. Igual no había nadie acá todavía. Con Pedro Rey queríamos hacer una revista, y la lanzamos antes de saber qué iba a hacer.

 

elinterpretador: bueno, sacaron varios proyectos de V de Vian

 

Sergio Olguín: Sí, estaba El enemigo público. La hicimos con unos amigos. Hubo dos épocas, que en la primera participaba más y en la segunda estuve un poco borrado. No nos poníamos de acuerdo si hacer una revista de humor o de comunicación: una especie de Barcelona, por ahí con menos notas de política. Una revista de mentira. El subtítulo era “La única revista que te miente de verdad”. Pero la gente se lo creía. Me acuerdo que el primer número era “El sida se contagia por la cera de las orejas”, y entonces decíamos que no había que compartir las biromes, porque la gente las mordía y se las metía en las orejas. Y hubo alguien que sacó una nota desmintiendo….

Pero bueno, El amante salió de V de Vian. Un proyecto paralelo que sacamos con Pedro (Rey). Nosotros teníamos un librero amigo que nos regalaba revistas, francesas, así. Y un día nos dice “si quieren yo les puedo presentar gente que tiene plata y que les interesa el cine”. Era un matrimonio que eran Quintin y Flavia, y nos fuimos a ver y eran dos diseñadores gráficos, que tenían ganas de hacer algo con cine, y tenían un cuarto lleno de libros y revistas sobre cine, y nosotros nos quedamos fascinados. Entonces decidimos asociarnos: Quintin nunca había escrito un artículo. Gustavo Noriega tampoco. Y nosotros pensamos: bueno, ponen la plata, no importa, después les corregimos las notas. Pero no, ¡escribían bien! Y no sólo escribían bien: después nos echaron de la revista. Se dieron cuenta que bien podían ir solos sin nosotros.

Y ahí aprendimos, “nunca formes consejo de dirección”. Porque al principio hablamos “¿qué quieren hacer ustedes?”, les digo, y no “lo que vos quieras”. Y bueno, entonces “yo soy el director y ustedes el consejo de dirección”. Con capacidad de tomar decisiones, claro.

 

elinterpretador: decisiones como decapitar al rey…

 

Sergio Olguín: Sí, muy parecido a lo que pasó –salvando las distancias intelectuales- con Los Libros, que era el director Héctor Schmucler, y había armado un consejo de dirección con Sarlo, Piglia, y que después lo echaron…

 

elinterpretador: Estaba también Barrio Jalouin

 

Sergio Olguín: no, bueno, yo no tenía nada que ver. Los que la hacían eran Christian Kupchick y Elvio Gandolfo, que, obviamente, era muy buena revista. Y el primer número fue sobre Los tres chiflados, con unos libros que habíamos comprado para una nota de V de Vian.

 

elinterpretador: claro, que la escribe Noriega, ¿no?

 

Sergio Olguín: sí, ahí está el intercambio de autores, también con El amante y V de Vian

 

elinterpretador: Entonces, el primer número es del 90, ¿y el último?

 

Sergio Olguín: El primero es diciembre del 90, y el último de noviembre-diciembre del 99

 

elinterpretador :porque el último que yo encontré no dice nada de que termina, ¿fue abrupto?

 

Sergio Olguín:  No, no dice nada. Teníamos el siguiente número listo, y no nos alcanzó la guita, y apareció un personaje rarísimo que se llamaba de apellido “Toquetón”. Le decíamos tóqueton. Al principio el tipo era petrolero. Después pasó a tener contactos en el mundo del petróleo. Y después terminó teniendo una página de comentarios de libros en una revista que hacía notas sobre petróleo. Y nosotros pensábamos que iba a ser nuestra salvación económica, en cuanto a que nos iba a dar el dinero que necesitábamos para seguir con la revista. Nos encontrábamos con él, por ejemplo, en un restaurant de Recoleta donde le pagaban algo con canje. Y ponele decía, en una época que se iba a ir a Italia, y decía que si nos parecía negociar con Benetton publicidades…Y o estaba loco o nos iba a salvar la revista. Y no salvó la revista: estaba loco. Ya teníamos la tapa, varias notas, pero la revista o se hacía con plata o no se hacía más. Porque los últimos números yo había conseguido plata y la puse en la revista, en contenido, color, pagábamos las notas, contactamos una persona que hacía la prensa, un contador…Quisimos hacer una empresita, pero no funcionó económicamente. Así sacamos cuatro números y editamos los libros que sacamos con Vian ediciones.

 

elinterpretador: ¿Vendieron de esos libros? ¿Cómo funcionó?

 

Sergio Olguín: No!!! Eran ediciones de 300 ejemplares y todavía hay ejemplares distribuidos. Se habrán vendido ciento y pico. En realidad eran tiradas muy chicas. Si vos tirás 300 ejemplares no podés vender más de 150. Es una regla casi de oro de la distribución de revistas o libros. El 50% siempre es casi la mejor venta posible. Es muy raro eso de El amante o de V de Vian que agoten un número. Eso lo conseguimos, yo creo que por lo que hizo posible la existencia de diez años de la revista, por la distribución de la revista. Estábamos en kioscos, pero nosotros trabajábamos con una “distribución paralela”. No distribuíamos ni con Vaccaro Sánchez ni con Rubio ni con nadie de los grandes distribuidores. Teníamos una distribuidora, Trapax, que era del mundo del psicoanálisis, con un distribuidor que estaba muy loco, un tipo macanudísimo que te podía llegar a colgar, pero siempre con una sonrisa, así como te podía llegar a prestar plata. Tenía las dos actitudes. Pero bueno, el tipo lo que hacía era ir llevando según cómo vendía cada kiosco. Entonces por ahí Corrientes y Montevideo, que vendía muy bien, llevaba 40 ejemplares. La distribución tradicional no se fija en eso, y lleva 5 ejemplares a cualquier lado. Entonces teníamos en pocos, ciento y pico de  kioscos, pero que vendían bien.

 

elinterpretador: ¿qué tiraban, 1000?

 

Sergio Olguín: Empezamos con 1000, pasamos a 1500, después a 2000, y entonces me agarró un ataque de locura y pasé a 5000, pero tuve que bajar en seguida a 3000, después de nuevo a 2000 y nos quedamos ahí hasta el final. Terminamos en 2000, 2500. Un sólo número 5000 que todavía tengo 3000 ejemplares del número 7 que me los metí en el orto mal. Quebré económicamente, porque no éramos una empresa, ni nada, o sea: yo vivía con mis viejos…y el que quebraba ahí era yo.

 

elinterpretador: ¿qué edades tenían entonces?

 

Sergio Olguín: Yo cuando empecé tenía 23, y era el más viejo. Pedro tenía también 23, y Karina, que era la otra fundadora, 20. Y estudiábamos letras los tres. Fuimos los tres que empezamos con la revista, y éramos compañeros.

 

elinterpretador: Karina se va al toque…

 

Sergio Olguín: Sí, al año se va Karina. A Europa y después a Estados Unidos, y a partir de ahí hace traducciones, nada más, muy pocas notas. Pero le dio la impronta a los primeros números, ¿no? Hasta el 11 o 12 que participa ella, o hasta el 9 me parece que participa, así activamente, porque después cuando venía a Buenos Aires y nos encontrábamos era “che, hacete una traducción”. No existía el mail, todavía, y era cuando volvía entonces que hacía algo.

 

elinterpretador: ¿Y Zeiger?

 

Sergio Olguín: En el número 2 o 3, se incorpora Claudio (Zeiger), que se convierte en gran parte en el ideólogo de la revista.

 

elinterpretador: ¿Ya estaba en Página, no?

 

Sergio Olguín: Claudio estaba hacía varios años en Página. Nos habíamos conocido en la primera bienal de arte joven, del 89…No!!! ¿qué estoy diciendo? Nos habíamos conocido en el 86 cursando literatura argentina con Viñas. Estábamos en el mismo práctico.

 

elinterpretador: ¿Cuándo entraron a la carrera?

 

Sergio Olguín: El había empezado un poco antes, dos años antes, en el 84, y yo entré en el 86 en la carrera. Y nos cruzamos y no nos dimos mucha bola y en el 89 nos volvimos a cursar en la primera bienal. Y ahí teníamos una buena relación, pero no nos juntábamos mucho: él era de cuento y yo era de cuento y de poesía, estaban los dos grupos, y la gente de poesía era muy…éramos un grupo así que a los diez días nos queríamos ir a vivir todos juntos. Salió todo muy mal al mes, ¿no? Pero bueno, en ese momento éramos como veinte personas que no podían estar separados.

 

elinterpretador: ¿Quedó alguien de ahí?

 

Sergio Olguín: Pedro (Rey). El era de poesía. Nos hicimos muy amigos, nos conocimos ahí en la bienal. El estudiaba Filosofía, y se pasa a Letras.

 

elinterpretador: La bienal, después, la siguiente, es la de la nota La Conjura Tilinga

 

Sergio Olguín: Sí (Olguín revisa los ejemplares de la revista que están en la mesa). Lo mandamos a Zeiger y él saca una nota hablando muy bien en Página/12, a comienzos del 92, pero no sabía si iba a poder escribir en la V, porque era colaborador de Página, y por ese tema tenía miedo que publicar notas le complicara la vida, y entonces le publicamos una nota de él, con seudónimo, y un cuento, que sí podía publicar. Y después se empezó a largar más.

 

elinterpretador: ¿Qué seudónimo era?

 

Sergio Olguín: Pablo Zeca. Un artículo sobre Kennedy Toole. Y después más, y ya se blanqueó.

 

elinterpretador: Y ahí sí tuvo problemas.

 

Sergio Olguín: No, bueno. El ya tenía sus problemas. El tenía el grave problema que era tener de jefe a Rolando Graña. Ser –digamos- “discípulo”, no en el sentido de “aprender”, pero trabajar para Graña lo ponía de mala onda con todo el mundo, incluso dentro del diario.

 

elinterpretador: ¿Qué estaba haciendo Graña, Jefe del suplemento?

 

Sergio Olguín: Bueno, no había suplemento todavía. Primer Plano empieza en el 92. Pero cuando Tomás (Eloy Martínez) arma el suplemento se junta con Celina Manzoni y le pide colaboradores nuevos y jóvenes. Celina era mamá de Gerardo Laster, un colaborador de la revista que después deja de colaboar porque nos peleamos y demás. Además yo me llevaba muy bien con Celina, que había sido mi ayudante de argentina en el curso ese con Zeiger. “¿No quieren ir a verlo a Tomás de mi parte?”, nos dice. Y fuimos en bloque, Karina, Gerardo, Pedro y yo. El 92, era, o fines del 91: antes de la salida de El Amante. Y justo habíamos entrevistado a Rodrigo Fresán, que también iba a participar del suplemento…teníamos buena relación con Rodrigo, le gustaba la revista, la onda, qué se yo…Y Tomás nos metió. Le había caído especialmente bien Karina, que tenía 20 años, Viejo verde, lo que más le interesaba era que se quede Karina, y bueno, compró el paquete.

Y con Página tuvimos una buena entrada, digamos. Yo empecé a hacer crítica de libros, me empezaron a dar bastante espacio, temas que en su momento eran de discusión… Fogwill, le pegué bastante a Fogwill…Marcelo Figueras, que sacó su libro le habían pegado mucho en Clarín y yo escribí algo muy favorable. Como que estábamos en la polémica.

Y por otra parte, yo, por medio de Claudio (Zeiger), me había hecho amigo con Graña, y lo metimos en la revista, en el fatídico número 8.

 

elinterpretador: Que reseña a Rejtman…

 

Sergio Olguín: Sí…pero Rolando se ofendió con nosotros, porque según él como no había plata por las notas –que ya sabía él-, teníamos que pagar con capital simbólico, y quería que lo pusiéramos tipo “asesor” o “consejero”, algún lugar importante, pero era un colaborador, y entonces se fue. Pero en ese número, entre Graña y Zeiger se cargaron a la fiesta, al encuentro de escritores de Clarín. Y, parece ser, aunque nunca nos quedó muy claro -fue por chismes, Rodrigo (Fresán) era muy chismoso-, parece que hubo una llamada de Pichón Rivière para que nos cortaran el laburo a nosotros. Y como había una buena rerlación entre Tomás (Eloy Martínez) con Pichón, Tomás habla con Karina –seguramente Tomás lo negaría y Karina se olvidó de esa conversación- y le dice “a vos te conviene irte de esa revista, no te conviene seguir con esa gente”, y Karina dice “no, además de hacer la revista somos muy amigos”, y de hecho Karina siguió participando. Y a mí me dejaron de dar libros de literatura argentina. Pasé a comentar cualquier cosa: libros casi de autoayuda. Hasta que, unos meses más tarde, seis meses, no sé cuanto, Tomás vuelve, y el boludo de Rodrigo me hace un chiste. Porque bueno, nosotros entonces habíamos empezado a sacar muchas notas a partir de ahí contra Tomás, lo empezamos a destrozar sistemáticamente, como Santiago Pazos. Y yo no podía volver a Página/12 si estaba Tomás. Y Rodrigo me dice “che, dale, veníte que no está Tomás, aprovechá. Venite a la pecera que tengo unos libros para darte”. Y entonces llego y, claro, lo veo a Tomás. Y me dice “vení, vení, cómo va, cómo me pegaron ustedes”, y yo “y bueno, viste cómo son todos en la revista, yo no, especialmente”…Y era mi seudónimo.

 

elinterpretador: ¿No se sabía de quién era seudónimo, Santiago Pazos?

 

Sergio Olguín: No, todavía no. Durante mucho tiempo se creyó que era de Claudio (Zeiger), o mixto, digamos, que lo usábamos varios. Y estaba Gabriela Esquiva, y dice “Tomás, ¿este chico, puede comentar o no puede comentar literatura argentina?”. Y Tomás, que no es valiente, “por supuesto, cómo no va a poder comentar literatura argentina”. Y ahí mismo, Gabriela, que era coordinadora del suplemento, sacó un libro y me dio un libro de literatura argentina y volví a comentar.  Y Tomás lo único que dijo fue “bueno, espero que ahora cuando saque mi novela la traten con respeto”, que creo que no la comentamos, ni nada, y seguimos haciendo chistes.

Después le hice una entrevista a Tomás, creo que para Playboy, y en V de Vian sale Pazos a criticarme a mí, toda una cargada, “Olguín tranzó con Tomás Eloy, qué estará negociando ahora”. Pero Tomás años después recordaba la nota de “¿Qué llevaba Tomás en la valija?”. Y después varias veces la repetimos. De hecho, la nota de Playboy empezaba “Tomás una vez más prepara su valija para viajar”.

 

elinterpretador: Y… es gracioso Eloy Martínez; en el suplemento este ADN de La Nación, publica una entrevista a Paul Auster, que aparece como “diálogo” y no como entrevista, y queda muy boludo con Auster. Le dice “me encantan tus novelas”, y Auster le contesta “yo no pude leer las tuyas”.

 

Sergio Olguín: Claro, totalmente, siempre hace lo mismo, Tomás. Y bueno, fue uno de LOS objetos de burla de V de Vian. Tomás era uno, Juan Martini era otro. Y Daniel Guebel, pero Dani Guebel lo hacíamos más porque…Daniel y Sergio Bizzio eran los únicos que tenían sentido del humor. Los otros lo tomaban todos como agresión personal.

 

elinterpretador: A Guebel, igual, le pegan por todos lados.

 

Sergio Olguín: Sí, creo que no se lo merecía tanto, sino que era por una cuestión de que era el único tipo que nos podía llegar a contestar a nosotros, que se ponía a nuestro nivel.

 

elinterpretador: Respuestas no había, igual.

 

Sergio Olguín: No, había un ninguneo absoluto. Al punto que Clarín después de la que nos mandamos nosotros en contra de Clarín, durante ocho años no nombró a V de Vian, en ninguna nota, en ningún lado.

 

elinterpretador: Estuvo la de B de Bien

 

Sergio Olguín: El B de Bien en una entrevista de Hinde Pomenariec a Sergio Bizzio, sí, pero en general no nos nombraban. Cuando ya se estaba por ir Pichón, apareció un sueltito de una entrevista exclusiva que teníamos a Kureishi, y ellos querían presentar a Kureishi, algo que había dicho Kureishi, y tuvieron que citarlo porque no podían robarlo. Pero si vos te fijás en el suplemento de Clarín de esa época no vas a encontrar ni mencionado a V de Vian. E incluso tenían un apartado que hacía Guillermo Saavedra, en una época, de revistas culturales, y no nos nombraban. Había un ninguneo muy grande. En vez de agredirnos o respondernos duramente, el tema era ignorarnos.

Nosotros no teníamos con quién discutir. Eramos petardistas, pero estábamos solos, no teníamos ninguna vereda de enfrente que nos pudiera responder. No había intensiones de armar polémica del otro lado. Los únicos que hubieran podido hacer algo, porque se supone que estaban en contra nuestra, que eran Martín Kohan, etc, no tenían una actitud beligerante y nosotros no teníamos una actitud beligerante hacia ellos. Había una cuestión incluso de cierto cariño generacional. Yo a Martín es un tipo que aprecio especialmente. Cuando saca su primera novela, en V de Vian sacamos una nota muy favorable, y una nota sobre la editorial que estaban armando. En circunstancias normales, ellos tendrían que haber sido con los que discutir, en realidad. Porque la generación anterior no era nadie.

 

elinterpretador: Cuando cierra Babel está como expuesto eso, ¿no?

 

Sergio Olguín: V de Vian nace como una reacción en contra de Babel, en cuanto a lo ideológico. V de Vian tiene una postura antibabeliana porque Babel tiene una postura antiautores que a nosotros nos gustaban. O a mí, porque éramos bastante distintos en cuanto a los gustos.

 

elinterpretador: ¿Kupchik, cuándo, cómo se suma?

 

Sergio Olguín: Entra primero a El amante, cuando llega de Suecia, y después a V de Vian, pero primero a El amante. Y cuando hay una crisis en El Amante que nos vamos Pedro (Rey) y yo, Christian (Kupchik) dice “bueno, yo también me voy”, y Elvio (Gandolfo) dice “yo también me voy”, y se vienen con nosotros para V de Vian y se quedan para toda la vida.

 

elinterpretador: Y con Elvio (Gandolfo), ¿cómo llega?

 

Sergio Olguín: Elvio también llega primero a El Amante. Era un tipo que nosotros admirábamos mucho. Claudio (Zeiger) tenía una admiración, así, terrible por Elvio. Le habíamos robado una traducción, de una revista uruguaya, Punto y aparte. Y un día Christian (Kupchik) me dice “che, Elvio Gandolfo leyó tu nota de Página sobre Fogwill, le gustó mucho, te quiere conocer”. Y yo “uh, me va a reclamar por la traducción que le afané”. Y nos encontramos con Elvio, que siempre decimos que lo imaginábamos más alto y más flaco. Y “che, gracias por publicar la traducción. Tengo un cuento de Simenon, ¿no lo quieren publicar?”. Y al número siguiente lo publicamos. Y de a poco Elvio fue participando cada vez más. Hasta que al final los comentarios de libros son la parte ideológica de la revista.

Los comentarios de Elvio están al borde: va a caer en el ridículo o va a ser una genialidad. Y cae del lado de la genialidad, siempre. Eso que comenta “estoy comiendo una milanesa con papas fritas” y eso deriva en crítica litearia, es un género nuevo para la crítica. Y aportaba mucho mucho material, Elvio. Es un excelente lector, y de revistas, que recortaba, recortaba notas. La era pre-internet, claro. Y muchas veces traducíamos, y publicábamos material que él nos pasaba.

 

elinterpretador: Dijiste lo de Punto y aparte, y estaba también el suplemento de El País. ¿Leían mucho cosas de Uruguay?

 

Sergio Olguín: No, mirá. V de Vian incluso llegaba a Uruguay. El País en Montevideo siempre tuvo muchos colaboradores argentinos. Por Alsina Thevenet, por Elvio, entró mucha gente de acá de colaborador. Sí, mucha gente que se convirtió en colaborador habitual de El País. Yo colaboré mucho también.

 

elinterpretador: ¿Y acá se leía eso?

 

Sergio Olguín: No, bueno, nosotros leíamos, pero no, no llegaba. Nosotros leíamos porque Elvio venía con ejemplares para los amigos. No teníamos mucho contacto, más que con algunos autores que por cuestiones personales conocías, o Elvio nos presentaba.

 

elinterpretador: En un momento aparece publicitada la página de internet, ¿salíó eso?

 

Sergio Olguín: Fue en el 97, 98, pero no, no salió. Compramos el dominio, teníamos un diseñador, pero nunca pudimos sacar el sitio como queríamos. Lo promocionamos en la revista: “Tal día sale…”. Está llena de promesas incumplidas la revista. Una vez hicimos una nota sobre eso. “El próximo número sale tal día, lo prometemos”, y salía como dos meses más tarde.

Sacábamos cinco números por año. Queríamos sacarla con más ritmo, pero no podíamos, no podíamos. La revista era un esfuerzo personal muy grande el que hacíamos todos. Intelectual, pero también muchas veces físico: había que buscar la revista a Avellaneda, traerla, llevársela al distribuidor, que el primero que tuvimos te cobraba el remís de la distribución, entonces si conseguíamos un auto que nos prestaba mi viejo o alguien, lo necesitábamos para que dieran los costos. En general llegábamos sin un mango a ese día. Yo me acuerdo que llegábamos al día de la distribución y no teníamos guita para ir a comer, y el distribuidor nos invitaba a comer después. Nos íbamos a comer una pizza con Norberto. Y había que levantar, 1500, 2000 ejemplares: se te ensucian las manos. Nosotros éramos muy buscavidas, intentábamos ahorrar en todos lados. Teníamos una amiga que trabajaba en el grupo Clarín, en la revista de Multicanal. Entonces ella le hacía pasar como gasto a Multicanal las películas de V de Vian, que había que hacer para imprimir. Entonces yo tenía que ir al canal a buscarlas, y me acuerdo que una vez no andaba la impresora, y entonces tuve que irme con mi CPU como si fuera una laptop, que me autorizaran para entrar así al canal fue un quilombo, porque no podíamos bajar el número de la revista si no.

 

elinterpretador: Che, y cuando deciden sacar la revista, vos, Pedro y Karina, ¿de dónde venían?

 

Sergio Olguín: En esa época éramos los tres muy amigos. Salíamos, nos juntábamos, estábamos mucho tiempo juntos en la facultad. Con Karina incluso éramos vecinos, en Lanús, así que viajábamos juntos, volvíamos juntos de la facu. Y nos habíamos reunido con mucha gente que quería hacer una revista de la facultad. Veinte personas tomando mate discutiendo dónde iba a estar la oficina, y cuáles eran los principios ideológicos: no avanzaba más. Y a Pedro entonces le piden una traducción de Boris Vian para Zona Erógena. Ah, yo había comprado un libro de Boris Vian, en francés, que acá no estaba. Pedro se lo comenta a la novia, que estaba en Zona Erógena, y nos ofrecen hacer unas traducciones de poemas.

 

elinterpretador: Hay varios cruces con Zona Erógena, comparten gente…

 

Sergio Olguín: Sí, después. Entonces teníamos el contacto de que la novia de Pedro estaba en la revista. Después está Flavia Torriceli, que era un coordinadora excelente, que la robamos. Entonces Flavia pasó a ser la coordinadora de V de Vian y hoy es la madrina de mi hija. Formó parte bien del grupo, se metió con todo en la revista, Flavia.

Pero bueno, les llevamos los poemas, y nos dicen “son buenísimos, pero este es muy fuerte, no lo podemos publicar”. Un poema horrible, de Vian, pero que era muy zafado. “Y bueno, no lo publiques”. Y con Pedro, como nos había costado tanto traducir, decidimos llevarlo a la revista de Enrique Symns, la Cerdos y Peces. Y a mí me habían echado justo del laburo, había cobrado una indemnización de una revista que se llamaba Familia cristiana. Yo era redactor de Familia cristiana, antes. Y al día siguiente lo llamo a Pedro y le digo “y si en vez de llevarlo a Cerdos y peces, yo tengo la guita de la liquidación… ¿Y si hacemos una revista, un primer número dedicado a Boris Vian, y después un número dedicado a las instituciones? Y después ya está, ya cumplimos”. Y Pedro “dale, hagamos eso”. Y así fue como empezó V de Vian. Le dijimos a Karina, y dice “ah, sí”, pero como diciendo “no van a hacer nada”. Y el número 1 fue una sorpresa para todos. Que el número 1 saliera fue una sorpresa. El número 1, salvo la parte de Karina, que es la traducción, todo lo demás lo hicimos Pedro y yo. En la imprenta el CID la hicimos, íbamos a la imprenta a trabajar, porque no teníamos computadora nosotros. Ninguno tenía computadora, y ahí tipeábamos las notas, y las componíamos en unas tiras largas. Ah, y pusimos un cartelito en Ciudad Universitaria, en la carrera de Diseño Gráfico, buscando diseñador. Y el único que apareció era un estudiante de CBC, que no había hecho ninguna materia todavía. Pero bueno, Gabriel participó mucho en la revista, que tenía 19 años entonces. Y así hicimos todas las producciones, y con Pedro hicimos todas las notas. Y la tapa del número 1 iba a ser ésta (Olguín señala una imagen de Boris Vian que finalmente quedó en el interior de la revista), y como teníamos que ilustrar la nota de erotismo y pornografía en Boris Vian, nos fuimos con Gabriel a caminar por Corrientes, a ver si encontrábamos alguna revista, algo con minas en bolas, para ilustrar esa nota. Y encontramos una carpeta de Jeanloup Sieff que tenía esta foto que nos encantó, y entonces “che, y si ponemos esta mina en la tapa, y lo dejamos a Boris Vian, que la cara es horrible”. Era una linda foto, pero tenía una cosa así que nos quedamos mirándola. Y bueno, de casualidad metimos entonces a esta mina en tapa.

 

elinterpretador: Zona Erógena también tenía esa línea en las tapas.

 

Sergio Olguín: Sí, pero más fino, más delicado…Y después nosotros nos fuimos al carajo, empezamos a meter modelos…

 

elinterpretador: Bueno, había que llamar la atención…

 

Sergio Olguín: Claro. La idea era esta: la revista se tenía que vender sí o sí. Si nosotros no cobrábamos guita para sacar el número siguiente…Del número 1 al 2 hubo incluso devaluación de la moneda…Nos costó mucho sacar el número 2. Pedro consiguió algo de guita suya. No teníamos mucho trabajo ninguno, estábamos medio desocupados. Y después en el número 3 conseguimos que nos prestara un poco el estudio como adelanto y la revista empezó a moverse un poco. Y entonces la única manera era que el kiosquero la pusiera en el kiosco de Corrientes adelante. Y son muy básicos: ven una mina en bolas y la ponen adelante. Y les gustaban muchos nuestras tapas. Cuando salía V de Vian, en Corrientes estaba en todos adelante.

 

elinterpretador: ¿En la facultad la hacían circular?

 

Sergio Olguín: El número 1 y 2 pusimos una mesita y la vendíamos, pero nos echó un partido, que hay una nota de Claudio que cuenta, porque no éramos militantes ni nada de eso, y nos rajaron. Y después nos cansamos, y yo dejé de cursar, y no volví más por la facultad como estudiantes. Pedro también abandonó. Y Karina terminó. Ella empezó después y terminó antes y se fue a Harvard.

 

elinterpretador: ¿Y circulaba, les consta, no les consta?

 

Sergio Olguín: En la facultad no me consta que circulara mucho. No nos preocupaba mucho. Al contrario, nosotros hacíamos una revista de literatura para gente que no le interesa la literatura. Se leía mucho entre gente de teatro, que tenían intereses culturales. De hecho me he encontrado con muchos pibes que tienen treinta, que V de Vian fue como una primer entrada en la literatura. Y que capaz tenía quince años, veía esto, la compraba, y se enganchaba leyendo Tom Waitts, Marguerite Duras. Fuimos formadores de un público en algún sentido.

 

elinterpretador: Ustedes le buscan un formato más de periodismo cultural, pero a su vez como que el interés principal es la literatura…

 

Sergio Olguín: Sí, las discusiones estaban puestas en lo literario.

 

elinterpretador: …y después ven cómo “venderla”. En unas charlas en el Rojas hace un par de años, vos decías algo como “traficábamos la literatura que nos interesaba en medio de todo ese paquete”. Y entonces mi duda era qué pasaba con la literatura que había que recurrir a eso.

 

Sergio Olguín: Bueno, la literatura era nuestra discusión ideológica. A nosotros no nos interesaba el cine argentino en tanto discusión, o de cómo se hacía cine. Pero sí nos interesaba cómo se hacía la literatura. Pero aparte éramos gente que nos interesaban otras cosas también. Parte de la ideología literaria era “bueno, nosotros queremos otros discursos, pero lo ideológico pasa por lo literario”. Como en Los inrockuptibles que hablan de cultura en general, pero lo ideológico pasa por lo musical, en V de Vian pasaba por lo literario. Después podía armarse alguna otra polémica, pero nuestra discusión era con los escritores.

 

elinterpretador: Bueno, el lugar que ocupaban Belén Gaché o Cecilia Szperling…

 

Sergio Olguín: Claro, Belén tiene un perfil más académico.

elinterpretador: Sí,…pero como que va por una serie artística, de las artes visuales. Mi sensación era que no les importaba a ustedes tanta cita ahí.

 

Sergio Olguín: La revista se permitía esa amplitud de discursos. “Bueno, ok, Belén tiene esta forma de encarar”, pero los autores que presentaba nos fascinaban. Después venía con toda su carga de teóricos franceses y los ponía en las notas. Igual, cuando escribía, después, ficción, era absolutamente realista, narrativista. Absolutamente distinto que lo que hacía en sus artículos. Y esa combinación venía muy bien en V de Vian. Y compensaba también otras zonas de V de Vian, Belén. Yo creo que V de Vian era una revista que me gustaba a mí, básicamente. Es decir, Claudio Zeiger a mí me reputeaba por las notas de series B, de televisión. Después había otros que no podían leer a Belén porque no entendían un carajo. Y había otros que no les interesaba la literatura. Nosotros teníamos colaboradores habituales que no les interesaba para nada la discusión literaria. No tenían idea de quién era Caparrós, Martini o César Aira. Era muy difícil tener un lector ideal, eran muchos lectores.

 

elinterpretador: Hay una nota que ponen algo así como “no queremos hacer la revista que les guste a todos, sino una revista que guste toda a nuestros lectores”

 

Sergio Olguín: Sí, o “a cada uno de nosotros”.

 

elinterpretador: ¿Era una cuestión esa, el lector al que apuntaban?

 

Sergio Olguín: Yo siempre pienso que en una revista hay que ser un poco autoritario, en cuanto a cómo la manejás. Porque vos podés escuchar a todo el mundo, pero no podés hacerle caso a todo el mundo. A mí me hinchaban las bolas para que ponga una agenda, una agenda de espectáculos, “que te da público, te da avisadores”. Y alguna vez puse una agenda, pero la verdad que no me convenció nunca poner agenda. V de Vian, y en esto también hay algo en lamujerdemivida, que es la continuación, y es ser antiagenda. En lamujer hay una sección agenda, pero no seguimos a agenda, sobre todo no seguimos la agenda del mercado editorial. A mí no va a venir a decirme el encargado de prensa de ninguna editorial a decirme sobre qué voy a hablar este mes. Que venga un encargado y “tenés que hablar de Paul Auster porque ahora salió un libro”. Una revista cultural tiene que poder zafar de la agenda cultural. Nosotros hablábamos de autores que en ese momento por ahí no estaban de moda o no habían sacado un libro en esos días. No sé, Marguerite Duras, o David Lynch un año antes de que se estrenara su película en Argentina. Nosotros con V de Vian sacamos por primera vez determinadas notas antes que otros medios. La primera entrevista a Björk en Argentina, por ejemplo, la publicamos nosotros, que la levantamos de la Inrockuptibles francesa.

 

elinterpretador: Hay un momento en que se ponen mucho a levantar notas de afuera. ¿Qué era, Gandolfo?

 

Sergio Olguín: No, de la parte francesa era más bien yo, y Rey de la parte norteamericana. Yo no leí inglés, pero él sí. De Inrockuptibles levantábamos bastante. A mí me gustaba mucho, me fascinaba Inrockuptibles. Al punto que un día vienen dos chicas que estaban haciendo una revista de rock en Munro y querían ayuda, porque nosotros ayudábamos a todo el mundo porque teníamos el know how de cómo hacer una revista, cómo distribuir. Y vienen dos chicas, y una dice que vivió en Francia, y yo “ah, qué linda revista Inrockuptibles”, y ella “no la conozco”, “pero cómo, ¿cinco años en Francia y no la conocés? Tomá, llevá un ejemplar”. Y después viene y me pide que la ayude a hacer un número cero, para presentar un proyecto…Y así fue cómo empezó Lucila Yankelevich a hacer Inrockuptibles…porque yo le dejé un ejemplar de Inrockuptibles, pero lo llamó a Pichón Rivère, que no me caía nada bien, y Pichón medio que la cagó, no le dio bola, y después lo llama a Miguel Russo, creo, y un día me llama “Che, lo llamé a Pichón, Miguel tampoco no puede, no querés hacer vos la sección de literatura”. Y no, no quiero!.

Yo no suelo mezclar las cuestiones personales con profesionales, yo con Lucila me llevaba bien, igualmente, y cuando tuvieron un problema con distribución, que no llegaba a algunos lugares, con V de Vian le dimos una mano con distribución. Igualmente, de hecho, Inrockuptibles siempre levantó una línea literaria muy diferente que la que nosotros levantamos. Pero bueno, una vez que empezó a salir Inrockuptibles, tuvimos que dejar de levantar de Inrockuptibles, una vez que empezó a salir Magazín literario, dejamos de levantar de Magazine literario, que levantábamos.

 

elinterpretador: Magazín literario pone una publicidad en la V, cuando está por salir.

 

Sergio Olguín: Sí, sí: ponen una. A nosotros nos despertaba mucha identificación la gente que hacía revistas. No importaba la ideología; hacer una revista era tanto el esfuerzo que a nosotros nos gustaba que hubiera otros, nos queríamos juntar. Eramos como el gaucho Larralde, siempre solo, nadie nos daba bola, estábamos muy aislados. La gente no se quería juntar con nosotros. Yo me acuerdo Martín Kohan me lo cruzaba en la facultad. Con Martín habíamos cursado varias materias. “Che, Martín, ¿no querés escribir en V de Vian?” y “eh, sí, más adelante…”. Y jamás nada, claro, ni una coma. Eramos medio un lepra.

 

elinterpretador: En una entrevista que te hacen a vos y a Zeiger en un libro sobre revistas culturales desde la democracia (La paja en el ojo ajeno, de Chacón y Fonderbrider), comentan algo así como que la revista se leía, que eso lo buscaban y les había salido bien, pero que se “ocultaba” que se la leía

 

Sergio Olguín: Bueno, ahí creo que exagerábamos. No sé si se ocultaba tanto que se la leía. Pero no estaba de moda leer V de Vian en un público intelectual. No lo fue nunca en el ambiente intelectual. Lo que yo creo que hacían mucho era ignorarla a propósito para no darle espacio. Lo que era absurdo, porque ya en el 92, o el 93, la proyección que teníamos Claudio (Zeiger), Pedro (Rey), yo, éramos gente que íbamos a seguir haciendo estas cosas. Es decir, no había que ignorarlo, había que pelearse, armar una discusión ideológica, en todo caso, una discusión literaria. Pero era absurdo ignorarlo, porque nosotros habíamos demostrado que no éramos un número de revista, sino que íbamos a seguir haciendo esto de alguna manera. Pero era como un espacio que se nos negaba.

El mundo literario es un mundo de clases sociales, pero no de dinero, sino de pertenencia en cuanto al capital simbólico que da la literatura. Y nosotros éramos los pobres, los chicos pobre de la familia literaria.

 

elinterpretador: ¿Lo vivían así, muy fuerte?

 

Sergio Olguín: Nosotros lo vivíamos mucho. El tema que nadie nos conociera nos parecía genial. El ser invisibles nos permitía hacer cualquier cosa en la revista. Pero yo me acuerdo que una amiga editora, que otra amiga, crítica literaria, estaba hablando con ella por teléfono y mi amiga le dice “bueno, me tengo que ir porque tengo que almorzar con Sergio Olguín” y la otra le dice “pero vos te juntas con ese tipo?”. Y esa mina, una crítica reconocida –no hay muchas mujeres críticas.

Pero éramos como “con estos no te juntes”. Y había ciertos sectores culturales que nos daban bola. El  ICI de esa época nos daba un poco, no mucha, bola. Cuando vino el director de Ajo blanco, había visto en V de Vian una revista muy similar en cuanto al espíritu…

 

elinterpretador: La Rock & Pop también, ¿no?

 

Sergio Olguín: La Rock & Pop ayudaba mucho a la revista.

 

elinterpretador: Y a El amante, que tenía una columna fija, en el programa de Bobby.

 

Sergio Olguín: Nosotros también teníamos en el programa de Bobby en una época, con Christian. Duró poco, pero estuvimos un tiempo haciendo la parte de literatura con Bobby Flores. A Bobby le encantaba V de Vian, publicó un cuento, tenía muy buena onda. Todos los programas de la Rock & Pop comentaban la revista, que tenía tal nota…

 

elinterpretador: El programa del Rafa Hernández….

 

Sergio Olguín: Sí, al Rafa Hernández lo escuchaba siempre yo, y me pasó algo muy loco. Y estaba en mi casa, con mi Atari -todavía no tenía computadora-, escribiendo una nota, o algo para la facultad, no sé. Y estaba escuchando y estaba con los Redonditos de Ricota, que me gustaban mucho.

 

elinterpretador: Claro que él los entrevistaba, una vez por año iban a su programa.

 

Sergio Olguín: Sí, y el programa que van, el Rafa Hernández dice “ah, che, recibí V de Vian” y los Redonditos “sí, qué buena revista, sí”, y el Indio “ah, quiero agradecerle a fulanito que me regaló el número de V de Vian –de Con V de Vian, era en esa época-”. Y yo ya no sabía si era una broma, no lo podía creer.

Pasaban esas cosas raras. Y nosotros habíamos publicado las letras de los Redondos a esa altura, y no se habían enojado. V de Vian despertaba mucho amor en la gente que no tenía que ver con el mundillo literario, ahí había una gran pasión por la revista, en un público muy diverso.

 

elinterpretador: Pero a su vez ocupaban un lugar en Página

 

Sergio Olguín: Sí, ahí empezamos a ocupar un lugar, claro, un lugar propio en otros lados.

 

elinterpretador: ¿Y cuando entra Forn?

 

Sergio Olguín: Cuando entra Forn, yo sigo. De hecho, la página de Radar, la armé casi toda yo. El “vale decir” nació como variación de “¿Cuánto vale tu silencio?”. El “vale” y “vale” venía de ahí. La hice bastante tiempo yo, un año, más o menos, hasta que sale Radar.Libros, porque Forn vino con una cosa que me pareció repelotuda, que era que no podía comentar libros, que era lo que más me gustaba hacer en esa época, porque no tenía libros publicados, que sólo iban a ser críticos con libros publicados. Lo que duró dos meses, porque después terminó publicando cualquiera, y a mí me pareció que era mala leche personal, pensé yo. Entonces llamé a Hugo Beccacece para comentar libros en La Nación y empecé a comentar ahí.

Me quedé un tiempo en La Nación y cuando Juan medio se fue de Radar, volví. No tengo nada personal con Juan, pero no me había gustado esa actitud. Yo en esa época no tenía nada publicado, y me pareció totalmente discriminatorio.

 

elinterpretador: Qué fue, ¿en el 96?

 

Sergio Olguín:  A ver, Radar fue en el 96, y Radar.Libros fue en el 97.

 

elinterpretador: ¿Y Las griegas?

 

Sergio Olguín: Las griegas es del 98, 99. Los cuentos no, son de comienzos de los noventa, pero el libro no, nos costó mucho sacarlos.

 

elinterpretador: No lo reeditaste

 

Sergio Olguín: No, todavía no, pero ahí estamos. Hay que corregirlo, y es más trabajo…

 

elinterpretador:  ¿El nombre? ¿Cómo llegan a ese poema de Vian?    

 

Sergio Olguín: Mirá, yo intenté cambiarle el nombre después más de una vez, pero todos se quejaban. “No!!! V de Vian, V de Vian”. Pero era muy difícil como nombre de la revista. En un momento pensé en llamarla “la V”, pero ahí escuché a la gente que me decía que no, y nada más le saqué el “Con”.

Pero Boris Vian era en ese momento la reivindicación de Cortázar, que estaba en ese momento siendo muy vapuleado, en Babel, sobre todo. Babel tiene una postura muy anti-cortazareana. Entonces ahí había una forma de reivindicar el lugar de Cortázar.

Había una cosa muy rara. Pedro, Karina y yo teníamos ideas muy distintas desde que nos conocimos, y experiencias muy distintas (ellos dos eran del Nacional Buenos Aires, yo del Comercial 1 de Avellaneda, Karina era más chica, Pedro era de River, yo era de Boca, cosas que separan a la gente), y a los tres nos gustaba especialmente Libro de manuel de Cortázar, no tanto por lo político, sino por lo sexual, por cómo plantea las relaciones de pareja. Y eso está en V de Vian, ese discurso, si querés, erotizado que tenía la revista.

Pasa que acá (mirando una revista, uno de los primeros números, una entrevista que le hacen a Ricardo Piglia), era la ausencia de márketing. El diseñador era un descontrol Empezó a armar esta nota que tenía que tener tres páginas y le empezó a sobrar espacio por todos lados y sólo tenía una foto de Piglia, entonces saca los fotolitos (porque había que mandar a hacer fotolitos), y era de esta mina. No era ideológico a veces poner una mina en la entrevista a Piglia, pero salía así.

 

(Suena el teléfono de Sergio. Es Ricardo Coler, el director de lamujerdemivida, la revista en la que participa Sergio desde que ésta salió en el 2003. La revista está por cerrar por números que no cierran. A raíz de esto, seguimos hablando, de plata, en principio)

 

elinterpretador: ¿Llegaron a pagar en algún momento, las notas en V de Vian?

 

Sergio Olguín: Sí, en la última época pagamos notas y…todo pagamos. Pero recién en la última época. Todo lo demás se hacía por amistad. El que participaba en V de Vian era porque tenía ganas de hacerlo, porque le interesaba participar.

 

elinterpretador: ¿Y funcionó más o no? ¿Funcionó mejor, la revista, con las notas pagas, o cómo fue eso?

 

Sergio Olguín: No, no, de la misma manera, no cambió. Pasa que incluso hicimos una fiesta, gastamos plata en eso. Nos divertimos mucho. Y entonces cuando la hacíamos gratis todos, era un placer, y después estaba bueno tirar algo de guita.

Por ahí había algunos colaboradores nuevos… es decir, V de Vian era una revista más de grupo en cuanto a que, obviamente, era gente que nos juntábamos a comer en la casa de uno, de otro. Eramos amigos, muchos somos amigos todavía, nos mantenemos bastante amigos. Entonces formaba parte casi de un proyecto cultural no económico.

 

elinterpretador: Al principio ponen propagandas de un centro cultural, unos talleres…

 

Sergio Olguín: Sí, sí, nunca lo hicimos. La idea era armar un centro cultural que nunca terminamos de hacer. Un número sacamos eso. Después hay unos avisos de unos talleres de escritura qu íbamos a dar con Christian y Pedro en un verano, y nos dio fobia y no los dimos. Llamó gente y todo y lo suspendimos. No, no: hacíamos esas cosas de armar proyectos y la verdad…Bueno, El amante era una cosa así. Pudo haber terminado en un fracaso absoluto y salió porque…Nos gustaba hacer proyectos y llevarlos a cabo. Algunos no podíamos. Pensá que nunca tuvimos guita para decir “bueno, invertimos la plata para hacer tal cosa”. Lo hacíamos más que nada siempre por una cuestión de amor. La única editorial que siempre nos bancó fue De la Flor, y en la última época Planeta, pero nada más. Hacer la revista fue siempre un esfuerzo económico.

 

elinterpretador: Con lamujerdemivida empiezan en el 2003…¿Hasta donde es la continuidad con V de Vian?

 

Sergio Olguín: Y, mucho no, en principio. Porque a mí me llaman y el equipo no tenía nada que ver con V de Vian. Kuptchik empieza a colaborar, y después deja y queda como colaborador porque no le gustaba hacer crítica, la sección de las margaritas, y entra Elvio Gandolfo a hacer las margaritas. Pero no participan del grupo ideológico, digamos, de la discusión de lo que va y qué no va. Ahí no participa los que eran de V de Vian, pero sí es cierto que mucha gente como Mercedes Reincke, Amalia Sanz, Eugenia Zicavo, hubiera participado de V de Vian si hubieran existido entonces en nuestras vidas, digamos. Porque, sobre todo Mercedes, tiene ideas muy locas, que hubieran ido mejor con V de Vian que con lamujerdemivida.

 

elinterpretador: En la V de Vian, al principio, en los primeros cinco, seis números arman como un mapa…

 

Sergio Olguín: Sí, de la literatura argentina. Piglia, Viñas…

 

elinterpretador: Fresán…

 

Sergio Olguín: Sí, también hay una de Christian (Kuptchik) a Marcelo Cohen, una que hice yo a Mario Trejo.

 

elinterpretador: Medio un rescate…

 

Sergio Olguín: Nos interesaba mucho a nosotros la poesía de los años cincuenta, rescatar a esos autores. De hecho, algo que quedó pendiente era rescatar a Alberto Vannasco, que para mí es uno de los mejores novelistas argentinos, y nunca hicimos nada. Queríamos hacer algo tan bueno que nunca hicimos nada, y lo fuimos postergando.

 

elinterpretador: Aparecen algunos modelos.

 

Sergio Olguín: Viñas y Piglia eran dos tipos que admirábamos mucho.

 

elinterpretador: ¿Como críticos, escritores?  

 

Sergio Olguín: Por la visión que tenían, por la forma de entender la literatura argentina. Eran dos referentes a la hora de pensar… Nosotros teníamos referentes, a pesar de que éramos una revista como V de Vian, que nada que ver, nuestros referentes eran Contorno, Los libros. Pero nosotros sentíamos que era necesario plantear una discusión acerca de la literatura como la que planteaba esa gente. Y lo hacíamos con cierta inocencia, en cuanto a los planteos, a dónde nos parábamos. Nosotros opinábamos, teníamos posiciones muy formadas sobre determinados autores, sobre lo que había que hacer o no hacer. Y nos parecía que esos autores como Piglia o Viñas marcaban también una línea de conducta de cómo había que pararse frente a la literatura argentina. Piglia un poquito más chanta era, ¿no?, pero bueno.

 

elinterpretador: Siempre hablamos de narrativa, casi no se habla de poesía.

 

Sergio Olguín: Sí hay poca poesía, le dábamos muy poca bola. De hecho tenía un lugar exclusivo acá en la retirada de tapa, y adentro muy cada tanto publicábamos. Pero no había mucha discusión alrededor de la poesía.

 

elinterpretador: Y de narrativa, ¿eran muy lectores de narrativa argentina contemporánea? Porque como que va encontrando una forma de entrar de a poco además de las publicaciones suyas.

 

Sergio Olguín: Sí, nosotros empezamos publicándonos a nosotros. Después empezamos a sacar los especiales ficción, de autores inéditos. Y empezamos a publicar literatura argentina, pero también mucha literatura extranjera que nos interesaba: en ese momento, de Kureishi a McEwan, no sé, Simenon, Marguerite Duras. Eran como referentes extranjeros de lo que nos gustaba de la literatura. Varios autores norteamericanos, Pedro era un excelente lector, y se anticipa siempre muchísimo a lo que se va a leer en los próximos años. Entonces él venía con libros que traía en ese momento de Europa o Estados Unidos, y siempre tenía material inédito que acá no circulaba, de muy buena literatura. Es el día de hoy que Pedro (Rey), es uno de los tipos que más sabe de literatura acá en Argentina.

 

elinterpretador: Aparecía mucho la sensación de la imposibilidad de publicar…te leo una presentación de uno de los especiales de ficción: “Después de un tibio auge de publicación que se vivió hace un par de años, las editoriales grandes parecen empecinadas en no publicar nuevos escritores…”

 

Sergio Olguín: Teníamos una especie de guerra con las editoriales nosotros. Nos parecía que las editoriales grandes no le daban bola a la literatura argentina, o le daban mal. Salvo Biblioteca del Sur, que teníamos cierto cariño, nos gustaban los autores, había cierta coincidencia ideológica. Nuestra hacia ellos, ojo, no de ellos hacia nosotros. Juan Forn, Rodrigo (Fresán), nos querían, pero, digamos, nos miraban con cierta desconfianza. No éramos “confiables” nosotros: en cualquier momento sacábamos algo que no los terminaba de convencer. Pero nosotros sí teníamos la apuesta por ese tipo de narrativa, realista, narrativista, de un perfil de temática modernizada, que no acudía tanto a la historia literaria argentina (el gaucho, novelas autorreferenciales), una narrativa que ponía su discusión en las historias que contaba. El lugar común ese que en su momento circulaba de que “hay que contar historias”. Que no es sólo contar historias, porque saber contar historias conlleva un montón de cuestiones ideológicas…y había una voluntad de llegar a un público más bien amplio, fuera del ambiente de la facultad, que compartíamos nosotros. Claudio y yo lo compartíamos. Y Elvio. Pedro, Karina, tenían un gusto más intelectual en lo que leen y les gusta más. Pero Claudio, yo y Elvio compartíamos el gusto por la literatura que salga de la facultad.

Yo siempre le digo a mis amigos, que a mí me gustaba mucho César Aira. Después le doy con un caño, pero me gustaba mucho. Hasta saqué un 10 en una monografía de literatura argentina que me la corrigió Graciela Speranza, que hablaba maravillas de César Aira, yo le encontraba un millón de cosas a César Aira. La luz argentina me parecía una maravilla, de puta madre. Y claro, son ideales para estudiantes de letras, encontrás un millón de cosas en esos libros. Pero después como que no, viene otro tipo de literatura.

 

elinterpretador: ¿Te dejó de gustar, o los palos son por ver ahí un lugar?   

 

Sergio Olguín: No, sí. Me dejó de interesar, en realidad. Y después me empezó a molestar mucho el culto alrededor de César Aira. Yo hace mucho que no leo nada de Aira. Como cinco años que no debo leer nada de Aira. Creo que lo último que leí fue La Villa, o alguna cosa.

 

elinterpretador: En el ´98, sale.    

 

Sergio Olguín: Puede ser, claro. Porque yo la leí a fines de los 90, y de hecho la tenía muy presente cuando escribí El equipo de los sueños, para hacer todo lo contrario. De la misma manera que en algún punto, Filosofía y Letras, la novela de De Santis, yo quería hacer todo lo contrario en Filo. Quería hacer una facultad donde había estudiantes de verdad, ¿no?, que transcurriera en una facultad de verdad.

 

elinterpretador: Y como escritores, Pedro (Rey), Claudio (Zeiger) y vos, escribían. ¿Karina (Galperín), escribía?

 

Sergio Olguín: No, ficción, no. Karina es una teórica.

 

elinterpretador: ¿Lo trabajaban eso? ¿O laburaban puramente como editores?

 

Sergio Olguín: Bueno, con los libros nuestros, sí. Los leíamos mucho al comienzo. Pedro, Claudio y yo nos leíamos todo el tiempo. Nos interesaba mucho lo que hacía el otro en lo literario.

Ahora al que sigo más es a Claudio, que no sólo escribe sino que publica, me gusta mucho. Un tipo de literatura que es puro carne y hueso, sin adiposidades. Una literatura donde cada palabra pesa por sí misma. Donde no hay literatura, se puede decir. Eso que Simenon decía que hay que quitarle: cada frase que suena literaria hay que borrarla.

 

elinterpretador: En el identikit de Zeiger, en el especial de ficción, cuando le preguntan por sus “proyectos literarios”, él contesta: (leo de la revista) “No estoy muy seguro de poder dedicarme de lleno a la literatura. Ni siquiera de si vale la pena. A veces pienso que sí, sí vale. Creo que es lógico que cualquiera de nosotros que escribimos en medio de estas circunstancias, se lo pregunte”. Y después dice que bueno, que escribe igual por una cuestión de vocación, de que no puede evitarlo. Pero la sensación esta de que no se sabe si vale la pena escribir; esto de que para que haya lectores hay que “traficar” la literatura, que es algo que decían en algún momento. Esto se repite en casi todas las revistas de los momentos.

 

Sergio Olguín: Sí, éramos muy pesimistas. Creo que debe ser algo más cultural que literario. Me parece que hoy, incluso en las artes plásticas, el cine, hay una presencia más fuerte de lo argentino, en cuanto al consumo de bienes culturales argentinos, y ahí entra también lo literario. Y en ese momento estábamos medio perdido en ese sentido. V de Vian tenía un público, eso lo sabíamos, pero no sabíamos si íbamos a encontrar un público fuera de V de Vian, si íbamos a poder sacar un libro y a tener un público que nos siguiera. Y eso de alguna manera estaba remarcando que nos interesaba mucho la idea de público. Porque hablar de la ausencia de ese público, de cómo le estamos metiendo gato por liebre, hablaba del interés nuestro por generar un público propio. V de Vian yo siempre digo que tiene algo de los demos de las bandas de rock, que arman un demo y lo llevan a las radios para que lo escuchen, y empiece a sonar. Con V de Vian nosotros lo que queríamos era sacar una revista que nos permitiera formar un público propio. Porque es algo que como decís vos, está muy presente. Y esto, que puede ser una cuestión ideológica y una declaración de principios, es también una cuestión muy práctica. Porque no teníamos publicidades. La única manera de sacar el número siguiente era que apareciera la guita del lector que se suscribía o que compraba la revista.

 

elinterpretador: En todos los números insisten mucho invitando a suscribirse.

 

Sergio Olguín: Sí, siempre. Los tipos, los suscriptores lo que no sabían era que el que les llevaba la revista era el director de la revista. Yo llegaba “hola, vengo a cobrar la suscripción de V de Vian”, y pagaban con $100 y no teníamos vuelto…

Habíamos llegado a las cien suscripciones, o algo así. En un momento un poco más, porque dábamos un carnet para entrar gratis al cine. Teníamos todo un sistema de descuento para el Atlas Recoleta, donde estaba Fernando Martín Peña, un amigo nuestro, que nos facilitaba la entrada de manera casi ilegal. Todo era así, muy familiar, muy poco profesional, en ese sentido. En lo que sí, éramos muy profesionales al hacer las notas. Yo era muy hincha pelotas. Yo lo que decía era: la revista tiene un valor comercial, $5,50. El tipo que paga tiene que recibir un producto comercial, bien hecho.  Las notas con buenos copetes, los títulos bien hechos, tienen que estar organizadas las notas con subtítulos, estar bien ilustrada. Nos preocupábamos por toda la parte formal que tiene que tener una revista. Que es todo lo que suele descuidar una revista literaria. Era una revista de literatura hecha por gente entrenada en el periodismo. Manejábamos muy bien el discurso periodístico, porque era nuestro laburo. Entonces sabíamos cómo poner títulos, cómo organizar para que tuviera un equilibrio. Y siempre fui muy hincha pelotas con eso. Con los artículos que nos mandaban, con cómo trabajábamos después, cómo corregíamos después. Tenía que ser periodística legible.

 

elinterpretador: ¿Recibían muchas cosas, colaboraciones?

 

Sergio Olguín: Sí, sí, bastante. Y le dábamos bola y muchos se convirtieron en colaboradores de la revista, y a otros no les dábamos bola…Había mucha circulación de material alrededor de la revista.

 

elinterpretador: Sacan dos especiales de ficción argentina inédita, y arrancan con los concursos…

 

Sergio Olguín: Sí, después cortamos con los números especiales porque nos quedamos sin autores. Nosotros creíamos que había muchos autores. Y en el primero teníamos diez, pero en el segundo ya empezamos a publicar cuentos nosotros con seudónimos. Porque no había diez autores más. Teníamos diez para el primero pero ya no para el segundo. Y la única forma fue empezar con los concursos. Que ganó uno (Eduardo) Muslip, la primera vez. Había cuentos de Gabriel Bellomo, gente realmente muy buena escritora. Sí, sí.

 

elinterpretador: Y después decanta un poco en La Selección Argentina.

 

Sergio Olguín: Sí, yo creo que La Selección Argentina es la culminación en un libro del proyecto ideológico de V de Vian. El tipo de literatura que defendíamos. Digamos: teórica, La Selección Argentina; Filo, para mí es la práctica. Es la novela de V de Vian. Filo es la culminación ficcional mía, que durante nueve años hablé de un determinado tipo de literatura que me gustaba, y bueno, el tipo de literatura que me gustaba, que quería hacer, era esta: Filo. Una novela que discute sobre literatura argentina todo el tiempo, pero que pone el acento en otro lugar, con toda la cuestión del sexo, el humor también. Filo también, bueno, de hecho remite a Santiago Pazos, que era el seudónimo que usaba yo.

 

elinterpretador: Bueno, a mí me llegan a veces mails de Santiago Pazos

 

Sergio Olguín: Sí, no, no. Me dijeron que alguien lo usa. Santiaguito Pazos, me dijeron que es. Pero no, no soy yo.

 

 

De pronto era ya la hora de terminar. Sergio Olguín debía ir a un programa de televisión para charla de lamujerdemivida y ver si se le podía dar continuidad de alguna forma. Nos fuimos charlando de revistas, de la V de Vian, de elinterpretador, de lamujerdemivida. De el gusto que es hacerlas, de cuánto cuesta, de las distintas formas que hay de sostenerlas.

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